¡No haga caso!


Yokoi Kenji es un disertador colombo-japonés que tiene varios videos en YouTube con su filosofía laboral que, básicamente, se resumen en que “la disciplina, a la larga, vencerá a la inteligencia”.

En uno de ellos cuenta un pequeña historia en la que un empresario desesperado por seleccionar buenos ejecutivos entrevista personalmente a varios. Después de hacer varias entrevistas a gente con historiales impresionantes se decide por un candidato que a pesar de no tener mucha experiencia ni formación contestó la pregunta de ¿usted qué sabe hacer? con un rotundo: “Yo sé hacer caso”. ¡¡Contratado!!

Por supuesto, como el bueno de Yokoi es japonés y, además, habla en cristiano… pues todo lo que dice parece cierto y dotado de un áurea oriental que a los latinos y a los mediterráneos nos parece pura sabiduría.

Hace 25 años conocí a otro Kenji. Fue en Inglaterra cuando estaba estudiando el poco inglés que ahora perpetro. Alegre, dicharachero y, probablemente, el japonés más perezoso que haya existido. Fuimos grandes amigos. Fue a visitarme a España y se fue creyendo que el whisky con coca cola estaba subvencionado por el Estado porque cuando pedía uno (uno tras otro, quiero decir) sólo me daba una moneda de 100 pesetas y, gracias a la generosidad de mis amigos, recibía una copa que valía 10 veces más. Se fue encantado de España y con un dolor de cabeza que, supongo, le duró años.

Lo más importante que me enseñó Kenji, el que conocí hace 25 años, es que los japoneses no siempre tienen razón… Bendito sea por eso.

Este otro Kenji (el de YouTube) está generando estragos. Por supuesto que su mensaje de “haga caso” ha sido comprado inmediatamente por los que creen que ser jefe es dar órdenes y la función del resto es… ¡hacer caso!

Además, para colmo, cuando estos jefes invocan la gran enseñanza de Yokoi Kenji (y olvidan los más de 20 años de crisis económica japonesa) siempre encuentran un ejemplo de iluminación personalista de algún líder empresarial que yendo en contra de todas las opiniones y análisis de su organización logra imponer su intuición y producir un gran éxito. Nadie se acuerda de los millones de dólares que se pierden o se dejan de ganar siendo obedientes y haciendo caso al que se cree que tiene la razón cuando lo que en realidad tiene es el poder. Que es muy distinto.

Las empresas familiares están llenas de ejemplos de líderes carismáticos que lograron construir grandes legados confiando en su intuición y dirigiendo con puño de hierro los destinos de sus organizaciones.

¿Entonces? ¿Hacemos caso o no hacemos caso? ¿Nos convertimos en líderes que imponen su intuición u optamos por dar participación a nuestra gente y delegar?

Depende de cuánto quieran que duren sus organizaciones después de que ustedes se vayan…

Si les importa un comino. Hagan que todos en su empresa les hagan caso y les obedezcan. Conseguirán empresas obedientes.

Si quieren que sus empresas perduren después de ustedes, compartan las decisiones. Así de simple.

Cuando decimos a nuestra gente qué hacer y cómo hacerlo estamos dando dos mensajes que, a la larga, tiran el dinero por la ventana: no confío en que sepas hacer tu trabajo y sólo yo sé hacerlo.

La gente tiene que equivocarse para aprender.

La función del líder es que esto no sea muy a menudo pero, sobretodo, que nadie se quede sin aprender algo valioso después de un error. Y que nadie tome decisiones complejas sin compartir el análisis y decisión con los demás. Eso es trabajo en equipo: compartir las decisiones.

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